• Luis Angel Rincon

Titan Desert: una prueba para reconocer tus propios límites

La gente que lea este blog creerá que siempre ando pensando en aviones. Sin embargo quienes me conocen saben que siempre ando soñando con bicicletas. Cada vez que tengo la posibilidad estoy montado en una, y siempre que viajo una de las primeras cosas que chequeo son los sitios de alquiler de bicicletas. Todavía me sigue pareciendo muy engorroso viajar con una. Una de las raras veces que llevé mi bicicleta conmigo fue cuando participé en la Titan Desert.



Para quienes no la conocen, la Titan Desert es la prueba más prestigiosa por etapas en la especialidad de bicicleta de montaña.

Para una competencia tan difícil tenía que tener todo preparado. Recuerdo lo emocionado que estaba. Esto fue hace dos años. Luis Ángel Rincón, o sea yo, era novato en este tipo de pruebas y más en el desierto. Ya iba preparado para encontrarme con dunas y terrenos difíciles que nunca había transitado.

El recorrido me daba algo de miedo. Sabía que haría daño a un novato como yo, pero tenía que seguir las rutas de los grandes. Al principio tenía mucho temor porque siempre estoy luchando contra el tiempo y pensaba que no había entrenado lo suficiente, aunque me encontrara bien de forma.

No temía las subidas, porque tengo mucha resistencia, pero en las dunas se me presentaron muchos problemas. Varias veces me quedé estancado. Menos mal que no iba solo.

Les confieso que fue una de las experiencias más duras de mi vida. No tiene que ver solo con el exigente nivel físico, sino también con el psicológico. El cuerpo puede acostumbrarse a pedalear durante diez horas, pero qué difícil mantener tanto tiempo la concentración bajo el sol bravo mientras el dolor parece saltar de un músculo a otro, cada vez con más intensidad.

Claro, uno se concentra en el camino, en las vistas espectaculares con montañas de hasta 3 mil metros. Le debo mucho a esa experiencia. En verdad me ayudó a conocerme a mí mismo, a reconocer mis límites y a saber de lo que soy capaz. Algo que ni una danza de dólares te puede dar.

Además era la primera vez que iba a Marruecos, un hermoso país al que quiero volver y recorrer con más calma. Tal vez sobre un camello.

También hay que tener en cuenta que la Titan Desert no se reduce a la carrera. En el desierto hice grandes amigos que al igual que yo no estaban allí para competir, sino para sacarle el máximo a la experiencia.

Paola y Luis, una pareja de españoles fueron una gran compañía en el momento que parábamos para comer y recuperar fuerza después de la carrera. Gracias a Paola y su método de bronceado me pude proteger del sol.

También estaba Marco, un argentino muy alegre, cuyo grito de guerra siempre nos sacaba un sonrisa: “Acá venimos a dejar el culo… literalmente, che”.

Cuando pedalada tras pedalada sentía que ya no tenía nalgas, podía haber decidido parar, para aún así continué. Tenía claro el objetivo de terminar las seis etapas. Lamentablemente no lo alcancé. Al concluir la cuarta etapa, mis piernas no podían más. Necesitaba parar.

Esto no significa que me haya resignado. Ya le comenté a Sonya mi decisión de volver para la edición del próximo año. Me respondió:

—Me alegro por ti, bebé. ¿Pero estás seguro de que te encuentras en la forma adecuada?

Obviamente no, pero de eso se trata, de prepararse y alistarse para traspasar nuestros propios límites.

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