• Luis Angel Rincon

Pasaporte restringido

Me pregunto qué pensará el mundo de los venezolanos. ¿Qué clase de inmigrantes somos? ¿Nos consideran un peligro, una amenaza? ¿Cómo nos ven en otros países? ¿Qué creen que llevamos en nuestras maletas? ¿Hasta qué punto desean recibirnos?

En caso de aprobarse el estatus de protección temporal (TPS) en Estados Unidos pasaríamos a la misma condición International de países como Nicaragua y Haití.

Por muchos años mantuvimos las puertas abiertas para todo el mundo. Quizás por eso creímos que nosotros también seríamos bienvenidos en cualquier parte. Los casos de xenofobia contra venezolanos en Ecuador y Brasil, por ejemplo, nos muestran lo contrario.

Tenemos que recordar que los países de la región no están preparados para la cantidad de personas que en este momento abandona Venezuela.

No se podría hablar de viajeros. Esta gente tuvo que tomar la decisión más radical: abandonar lo que llamas hogar porque ya no lo reconoces, porque por más que pudieras sortear el día a día, empezaste a temer que quizás algún día no podrías lograrlo.

Los vecinos de Venezuela no son ajenos a esta experiencias. Lo sabemos de propia mano por la gran comunidad de colombianos a los que recibimos cuando venían huyendo de la violencia paramilitar.

También argentinos, uruguayos, chilenos, fueron bienvenidos cuando escapaban de las crueles dictaduras que tuvieron que padecer en los 70 y 80. Incluso, muchos de estos inmigrantes fueron intelectuales y profesores a los que se le permitió sin ningún problema extender un pensamiento y una doctrina cercanos a la izquierda, dentro de una democracia que ellos consideraba nociva.

Los cubanos que escapaban del régimen castrista se asentaron entre Venezuela y Miami, y siempre advirtieron sobre los problemas que tendríamos que vivir si tomábamos su camino.



También los ecuatorianos y los peruanos encontraron las puertas abiertas.

Ahora nos ha tocado vivir en carne propia una de las experiencias más terribles que ha caracterizado a esta región. Quizás dentro de algunos años lleguemos a ser como los países del Caribe cuyo exilios forman parte fundamental de su historia y de su economía.

Naciones como Cuba, Puerto Rico, Haití, Trinidad y Tobago, se definen a sí mismas a partir de su experiencia del exilio y quizás por esta misma razón no puedan entender que les toque a ellos recibir migrantes cuando ya están acostumbrados a ser los que reciben ayuda.

Es lo que sucede ahora con Aruba, país que ha decidido no solo mantener la frontera con Venezuela cerrada, sino que también estudia la manera de solicitar a los viajeros venezolanos un permiso especial para entrar.

Al parecer el trámite tendría el mismo patrón que la visa estadounidense. Incluso al hacer escala en esta isla el viajero tendrá que demostrar que cuenta con visado del país destino, harán zoom al detalle con tal de evitar más migrantes en el área de services.

Hasta hace poco esta isla era como una parte más de nuestro país, como una segunda Margarita a la que los venezolanos viajaban de vacaciones o compras.

Esta pequeña nación teme la magnitud de la ola de venezolanos que podría estar llegando con mayor recurrencia a sus orillas.

Hay que ver cómo se nos van acortando nuestras libertades a la hora de viajar. Ya escribí sobre el visado para entrar a Chile y cada día irá creciendo la lista de países que requieran un trámite especial para con los venezolanos.

Nuestros pasaportes, más que una herramienta a la hora de viajar, se han vuelto un dolor de cabeza, no solo por lo que cuesta sacarlos, sino por el tránsito tan restringido que nos permite.

Incluso nuestros vecinos, como la primera ministra de Aruba, aseguran que quisieran pero no pueden ayudarnos.

No sé cómo sentirme ante esto. Es como si nos cerraran otra puerta en la cara.

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