• Luis Angel Rincon

Machu Picchu: una visita obligatoria a una de las maravillas de América

Hace unos días estuve recordando con mi esposa Sonya la vez que fuimos a Machu Picchu. A pesar de la cantidad de turistas y lo trillado que puede ser como destino para algunos viajeros osados, no deja de ser una experiencia fantástica.

La ciudadela de Machu Picchu está a 2.438 metros sobre el nivel del mar. Pero los viajeros suelen pasar antes por Cusco para acostumbrarse a la altura. Cusco se encuentra mil metros más arriba. A mí me aquejó un poco el mal de altura en esta ciudad, por lo que temí que no disfrutaría plenamente el trayecto a las ruinas, pero una vez allí no tuve problemas.

Sonya se estuvo burlando de mis mareos durante buena parte del viaje. No es un trayecto sencillo. Uno no va a Machu Picchu a observar tranquilamente, sino que se ve obligado a subir y bajar extenuantes escaleras y pendientes, por lo cual unos días en altura son muy útiles para que el cuerpo se acostumbre a contar con menor cantidad de oxígeno.



Les recomiendo que pasen un par de día en Cusco antes de la visita. Mucha gente paga unos cien dólares por un viaje de un día a Machu Picchu. Esto no es para nada barato, además de que significa estar casi cuatro horas metidos en un carro subiendo y bajando curvas, y luego otras cuatro horas para volver. Así no se puede apreciar los pueblitos que hay en el camino, como Ollantaytambo y el resto del Valle Sagrado.

Sonya y yo pasamos un día en Ollantaytambo, un pueblo que cuenta con unas hermosas ruinas incaicas. Desde Cusco tomamos una van que nos costó unos diez soles a cada uno. Desde allí se puede tomar el tren que va hasta Aguas Calientes, el pueblo más cercano a Machu Picchu.

Este es un trayecto más calmado y vale completamente la pena. Desde una calle en Aguas Calientes salen constantemente pequeños buses que llevan turistas a Machu Picchu.

Mucha gente busca acercarse a las montañas Huayna Picchu y Machu Picchu. Esta última es la más alta y difícil de escalar. Desde los miradores de su cima se pueden tomar las mejores fotos de la ciudadela.

Cuando estábamos allí, Sonya me comentó que le recordaba a Roraima.

—Hay algo en estos paisajes que no parece humano.

—Los dos son lugares increíbles. Aunque este tiene demasiados turistas.

—Sí, parece un estadio. Prefiero Roraima.

Les juro que no tuve ninguna influencia en esa preferencia.

Para ingresar a la senda que sube al Huayna Picchu hay que entrar por tandas de doscientas personas cada tres horas. El boleto de ingreso debe comprarse a través de internet con mucha anticipación. Cuesta un poco más de sesenta dólares.

A pesar de su fama, Machu Picchu es una verdadera sorpresa. Nos pusimos a recorrer la ciudadela. A diferencia de lo que suele decirse, Machu Picchu no fue un puesto militar sino un posible centro ceremonial.

Se trata de una ciudadela muy grande, construida en diferentes niveles, por lo cual hay que tener mucha resistencia y buenas piernas. Cómo me serviría este recorrido para mi entrenamiento.

Siempre hay mucha gente, pero por lo inmenso de su extensión no llegan a molestar. Nunca nos encontramos incómodo. Por lo menos no hay vendedores de ninguna clase. Sólo hay guardias que recorren el lugar para asegurarse de que nadie vaya por donde no debe o haga cosas prohibidas.

Obviamente la volvería a visitar en un futuro.

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