• Luis Angel Rincon

Jardín Keukenhof

Mi esposa siempre me está diciendo que no pueden dejarme ni un segundo solo porque en el momento menos pensado ya tengo tramado un viaje. Y realmente no puedo evitarlo.

Ante cualquier problema, las solución que se me ocurre pasa por un viaje. También creo que el mejor regalo que le puedes dar a un ser querido es llevarlo de viaje. Tampoco debe ser un trayecto muy elaborado o un destino lejano, lo importante es que se lleve una sorpresa que vaya a recordar toda la vida.

Hace un par de años planeé un viaje a Bruselas para Sonya por su cumpleaños. Estábamos en Londres en ese entonces. Sonya me había comentado que le gustaría celebrar en alguna de las famosas cervecerías de Bélgica.

No me pareció mal plan, pero no bastaba como un buen regalo porque me hacía falta el elemento sorpresa. Así que sin ella supiera armé una ruta en la cual tomaríamos un tren que nos dejaría en Ámsterdam en vez de Bruselas.

Para aprovechar la cercanía, como su cumpleaños cae los primeros días de mayo, quería llevarla a Keukenhof a ver el espectáculo de los tulipanes.

Tomamos el Eurostar y una vez en camino casi llegando a Bruselas le dije:

—Creo que tenemos un ligero cambio de planes.

—¿Qué estás tramando ahora, Luis Ángel?

Le medio convencí de que no le quedaba otra opción más que confiar en mí. Una vez en Bruselas tomamos el Thalys sin que me dejara de ver con suspicacia.

—Realmente yo pensaba que solo tomaríamos unas cervezas.

Llegamos a Ámsterdam, ciudad hermosa y uno de los lugares favoritos de Sonya, quien quedó aún más intrigada cuando le comenté que esto sería apenas una parada y que el día siguiente, el de su cumpleaños, continuaríamos.

Nos quedamos en el hermoso hostal Durty Nelly's Inn, y toda la noche me estuvo acosando a preguntas. Para calmarla le dije que simplemente iríamos de tour por la campiña holandesa.

Ya había reservado la visita que incluía bus de ida y vuelta, lo que nos permitiría ir tranquilamente por el parque por nuestra propia cuenta, sin la necesidad de seguir a un guía. A Sonya no le gustan. Piensa que los trayectos guiados limitan la experiencia del viaje.

Cuando desperté, tenía sus ojos claros fijos sobre mí. Ni siquiera me dieron tiempo de desearle feliz cumpleaños.

—¿Acaso me vas a llevar a Keukenhof?

—Me atrapaste.


No voy a olvidar lo alegre y relajada que estuvo todo el día.

Les digo que el jardín supera cualquier expectativa que tengan. Todo es hermoso. Se puede pasar horas en el parque porque además de flores hay una pequeña granja con algunos animalitos, conejos, patos para que los niños interactúen. También cuentan con varios restaurantes y no pueden faltar las tiendas de souvenirs.

Les recomiendo que planeen pasar todo el día en el parque. Mucha gente llega a Keukenhof pensando que solo les va a llevar una hora recorrerlo. Ignoran que hay demasiadas cosas que hacer, aparte de ver los tulipanes.

Cuentan con un molino de viento, miles de muestras de arreglos florales y diferentes tipos de jardín.

Les aconsejo que reserven su entrada con antelación, con la oferta combinada con el viaje, en vez de pagar los boletos por separado. Así nosotros nos ahorramos la enorme cola en la entrada del jardín. Para esto hay que llegar temprano por la mañana, antes del almuerzo.

Son demasiadas las cosas que compartimos ese día en Keukenhof. El jardín cuenta con una sección de orquídeas, muy hermosas, en la que por cierto se nos acercó un muchacho de Margarita cuando me escuchó decirle a Sonya que en Venezuela mi mamá las cultivaba en el patio.

Nos contó que aunque los tulipanes son los reyes del jardín, la orquídea mantiene un lugar muy estimado en el gusto de los visitantes.

Le pregunté si no extrañaba la isla.

—Claro, señor. Todos los días. Pero la vida en Venezuela se volvió muy difícil. Prefiero soportar el frío acá y hacer hacer zoom a lo bueno, que bien vale la pena cuando a cambio te da dos meses de esta semejante belleza de jardín. ¿No le parece?

Claro que sí. Keukenhof se trata de un verdadero regalo para todos sus visitantes. Sonya Peck, mi esposa, se lo merecía.

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