• Luis Angel Rincon

En Boston conocí mi primera blanca navidad

Ya habrán notado que la navidad me fascina. Estas fechas siempre me conectan con mi infancia, con la alegría de encontrarme en familia, todos unidos a la espera del nacimiento de Jesús que siempre venía con dones y recompensas por el año que había pasado.

Aun así, de niño vivía con la idea de que en Venezuela, ni en mi familia, celebrábamos las navidades como se debía.

Yo estaba obsesionado con la idea de navidad que veía en la televisión y en las películas. Quería tener una blanca navidad, con mi casa cubierta de nieve, una chimenea y un lago congelado cerca, sobre el cual patinar y montar en trineo.

Claro, este deseo no viene de la nada. Constantemente, por todos los medios, nos están vendiendo una navidad muy norteamericana, cuando sabemos que cada país tiene sus maneras de celebrar, incluso más antigua que Santa Claus y su saco lleno de regalos para los niños.

Sabemos que la Navidad, tal como la conocemos hoy día, surgió en el siglo XIX. En esa época aquella vieja celebración cristiana del nacimiento de Jesús empieza a transformarse en la fiesta de las navidades.

También se empieza a volver popular la figura de Santa Claus, además que se reviven viejas costumbres como el intercambio de regalos. Todas las familias empiezan a colocar su arbolito mientras esperan la primera nevada.

Fue en Boston cuando al fin pude tener una blanca navidad. Ese viaje estaba un poco ansioso ya que los pronósticos del clima indicaban que el invierno llegaría tarde, quizás en enero, y yo estaría en Boston solamente hasta el 28.

Ese diciembre comenzó algo suave y con falta de precipitación, pero la temperatura empezó a bajar lo suficiente como para darle al Bay State una navidad nevada en lugar de sólo húmeda.



En la Nochebuena salí a pasear Boston con una amiga venezolana que vivía en la ciudad en esa época. Fuimos al Faneuil Hall a ver las decenas de árboles iluminándose al ritmo de la música. Luego fuimos a un bar llamado Aruba, para sentirme en el trópico, pero salimos de ahí luego de haber tomado un par de cubas libres.

Me sorprendió ver muchas personas que se encontraban en la calle para recibir la Navidad. El Faneuil Hall cuenta con un enorme pino natural de 85 pies de altura, que por la temporada se encontraba iluminado por más de 30 mil luces.

Ante ese hermoso árbol recibimos la Navidad. Ya me había resignado que no vería la nieve ese año. Por fortuna, me equivocaba. Como a eso de las dos de la mañana comenzó a nevar con ligereza.

A la mañana siguiente, toda la ciudad estaba cubierta de blanco, con acumulaciones de hasta tres pulgadas de nieve. Al fin había cumplido con aquel viejo deseo de infancia.

Por supuesto, ya no creía que Santa iba a bajar por la chimenea imaginaria de mi casa, pero aún así la nieve me hablaba de aquel anhelo. Recuerdo que muchas veces soñé con tener una casa como la de Macaulay Culkin en Mi pobre angelito.

Sin embargo, a diferencia de Macaulay, no quería esa enorme casa para mí solo. No valdría la pena si no estaba con mi familia. No imaginaba un mejor lugar y una mejor compañía para esperar la navidad.


Luis Ángel Rincón

  • Negro del icono de Instagram

©2019 by Salir de Venezuela. Proudly created by me, Luis Ángel Rincón.