• Luis Angel Rincon

Dubái, más allá de cualquier prejuicio

Por fin ha llegado el momento de cumplir con uno de nuestros sueños. Sonya y yo viajamos a India. Los dos andamos muy emocionados y a la expectativa de visitar esa tierra mágica.

Pero hoy quería hablarles de otro destino. Antes de llegar a India, hicimos una escala en Dubái. Quiero compartirle esta experiencia en el más famoso de los emiratos.

La mayoría de la gente, cuando escucha hablar de Dubái, inmediatamente la asocia con lujos y extravagancias de millonarios. Existen muchos estereotipos sobre esta ciudad, pero solo hay que pasar allí unos días para darse cuenta de que no todos los que viven en Dubái duermen en hoteles cinco estrellas, comen en restaurantes de lujos o compran sólo en tiendas como Louis Vuitton.



Por otro lado, a Sonya le preocupaba la restricción de la vestimenta. Incluso llegué a sugerirle que no saliéramos del hotel. Total, toda la ciudad tiene fama de ser un gran centro comercial.

En internet muchas páginas, oficiales o no, señalaban que por ser un país islámico los extranjeros debían cumplir rígidas normas. Algunas páginas dicen que no se puede tomar alcohol, ni comer cerdo; también que las parejas no deben hacer demostraciones de afecto en público, ni siquiera compartir un cuarto si no están casados.

Particularmente se habla de muchas restricciones a la vestimenta de la mujeres: ni escotes, ni faldas cortas, ni ropa ceñidas, ni ropa brillante.

Cuando al fin llegamos a la ciudad, nos llevamos la grata sorpresa de que las mujeres en Dubái pueden ir vestidas como lo harían en cualquier otro país occidental.

Hay mujeres que van con escotes y tan descubiertas como el calor lo amerita. Claro que en la ciudad se ven mujeres que llevan la “niqab”, una prenda tradicional que cubre todo el cuerpo, pero no es obligatorio.

Únicamente en un caso las mujeres occidentales están obligadas a llevar un velo: cuando visitan las mezquitas deben cubrirse el cabello y quitarse los zapatos.

Para Sonya, lo importante es comprender dónde uno está parado.

—Obviamente una está visitando una cultura que le es ajena y por la que debemos mostrar respeto.

Esa es una filosofía del buen viajero. Aunque nadie le iba a decir nada, ella prefería vestir discretamente.

—Como las mujeres van tan tapadas, yo no me hubiera sentido muy cómoda llevando una minifalda o los hombros descubiertos. A pesar del calor.

Durante el verano hace mucho calor, incluso por la noche, pero nos dijeron que el resto del año se puede disfrutar de la ciudad con un clima espectacular, de unos 25-30 grados, perfecto para disfrutar de sus playas que son tan lindas como las de Aruba.

Además, en toda la ciudad, hasta en las paradas de autobús, tienen aire acondicionado, lo que me recordó a Maracaibo.

Si no se salen de los centros comerciales con aire acondicionado, hoteles 5 estrellas y clubes privados, se puede pensar que Dubái es una ciudad totalmente artificial, un lugar con mucho dinero, pero sin personalidad.

Pero yo los invito a que paseen a Al Bastakiya, el barrio histórico. Este es un sitio pacífico, ajeno al ritmo frenético del resto de Dubái. Me hubiera gustado tener más de dos días para recorrerla.

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