• Luis Angel Rincon

Añoranza de Venezuela: sé que pronto volveremos

Las circunstancias para emigrar son diferentes para cada uno de nosotros. Antes en Venezuela se solía cuestionar a las personas que se iban huyendo; ahora en cambio no generan más que admiración, ya que se necesita demasiado coraje para embarcarse en esta travesía.

Esta sería la palabra adecuada, no hay otra manera de llamarla. Se trata de una travesía, incluso desde el propio país, porque asuntos que deberían ser sencillos, como solicitar un pasaporte o tramitar los antecedentes penales, se han vuelto toda una hazaña. Por no hablar de lo complicado de manejar divisas en el país.

Si ya emigrar es una experiencia difícil, quedarse en Venezuela es una cuestión de esperanza. Cuánto admiro a cada venezolano que aún se mantiene trabajando para echar el país hacia adelante. Son unos verdaderos héroes. Nunca se sientan menos por quedarse, pero tampoco se sientan mal por querer irse.

Escribo este blog en parte para ayudar a aquellos que se han quedado sin aliento de tanto resistir. Hago lo que puedo para aportar mi grano de arena. Desde donde esté, haré lo que esté a mi alcance para ayudar a los venezolanos interesados en hacer su vida en otro lugar.



También escribo acá para mantener un vínculo con mis compatriotas y la difícil situación que nos tocó vivir. Los que tuvimos que dejar Venezuela cargamos un gran pesar con nosotros. ¿Quién puede dudar de que volver a casa es la sensación más maravillosa, placentera y renovadora por la que puede pasar un viajero después de un largo trayecto?

Extraño esa sensación de alegría, de confianza y sinceridad del venezolano. En ningún otro lugar he visto esa dicha tan propia de nosotros, a pesar de todas las vueltas que he dado por el mundo.

A pesar de haber estado en muchos países alrededor del mundo, no dejó de extrañar mucho Venezuela. Quisiera volver a recorrer sus paisajes prontos. De vez en cuando me pegan las ganas de tomar el carro y lanzarme a Margarita, como solía hacer cada Semana Santa.


Necesito encontrarme con mis amigos de playa Parguito o El Yaque, aunque sé que ellos también se fueron. Eran maravillosos aquellos fines de semana en que tomaba mi tabla y lo único de lo que debía preocuparme era de coronar la ola más grande.

Ahora la grave crisis de Venezuela ha dado un golpe mortal a su principal destino turístico. Antes Margarita era destino fijo de muchas familias en las vacaciones escolares. Qué sabroso era regresar con la piel tostada después de haber pasado días bajo el sol, en playas bellísimas como playa El Agua.

Hasta los cuentos del ferry atestado nos divertían. Quién no volvió de la isla con los bolsos llenos de chocolate importado y el queso de bola que, aunque sabíamos de origen holandés, para nosotros siempre fue margariteño.

Hoy pienso en todo el dolor que atraviesa Venezuela, pero la desolación se me hace más evidente en esta isla que era el centro de la alegría venezolana.

Me puedo imaginar a los margariteños sentados en el frente de sus casas, sacudiéndose la tristeza, a la espera de que pase la crisis y que los turistas vuelvan. Incluso, más que eso, esperando que los hijos regresan a ese tierra hermosa.


Yo tengo la esperanza de que así será.

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